”Como brocker, creo haber cumplido con el cometido de presentar historias de personajes ambiciosos, rasputines, que manipulan voluntades, extorsionan, adoptan la posición que haga falta para obtener un negocio. Somos unos pobres diablos como el gerente de cuentas del banco, Juan Antonio Molina; como Juan no el charrasqueado, que abrió el camino de América a los españoles; como Juan Corredore, el brazo derecho de Petrov Radashenco, el magnate del petróleo ruso, a quien al final le hizo la cama; como los deliciosos Antonios y los Frankis; como la salerosa Reina Ungría de Broto que se metió en camisa de once varas por alcanzar honores que no le correspondían; como yo mismo. No sé si nos tenemos que hacer perdonar algo, pero sin nosotros, todo funcionaría como en los tiempos primitivos,……”
“Como consultora, aproveché la oportunidad para observar al resto de los compañeros de mesa y aeropuerto. Imaginé qué asuntos podrían ser útiles desde mi profesión. Analicé el contexto de las personas, el lugar y deduje cuál debería ser mi papel. Textos cortos sobre microeconomía, el valor de la empresa más allá de sus elementos contables, liderazgo, aprender de las mejores experiencias, las nuevas relaciones en las empresas, las conductas de los consumidores, la organización del tiempo. Y sobre todo, la última, la de los castillos romanos. He querido explicar cuál es la función que ejerzo en la sociedad y como actúo. Yo no me lo creo, pero el resto de compañeros, acredito que habrán sabido valorarlo,…………”
“Como periodista, mi objetivo se centró en seleccionar estampas de algunos de los personajes del oficio. No he escrito al dictado de nadie. Ni de mis fantasmas. Ni de mis oyentes. Ni de mis patrocinadores. Ni de las empresas que me dan de comer. He querido rendir homenaje a dos de ellos, incorruptibles, lo mejor de la generación, Iñaki y J.M.G. He glosado las mezquindades de la vida diaria del periodista, el precio de alguna entrevista o las realizadas al dictado, porque tuve que transigir en mis años iniciales, lo que ganan los periodistas, los obsequios que se usan como mercancía de invención. Y finalmente, he incluido las historias de un par de pájaros, el extorsionador de juntas generales y el tiburón. Mientras ficcionaba ambas historias, me alcanzaban las dudas de qué hubiera ocurrido si realmente hubieran existido personajes como esos,……”
“Estos monólogos estructurados en ideas e historias han despertado en mi una nueva cuestión. La relación que existe entre lo teórico y lo narrativo como lenguajes interpretadores de la realidad. Si son dos caras de la misma moneda, ¿son vías alternativas o son complementarias? Hubiéramos podido ponernos de acuerdo en redactar una única historia a cinco, a la que cada cual hubiera aportado sus personajes y su visión de la época, sus ideas, reflexiones y pensamientos entrelazados en cada página. Sin pretenderlo, hemos deconstruido el período. Unos han aportado las historias de algunos personajes. Otros, reflexiones más o menos desnudas. Por separado. En cinco partes, cada una de ellas, a porciones. La secuencia de unos y otras ha construido la realidad. Me comprometo a perseverar y hasta plantearé un seminario sobre el tema en la universidad,…..”
“Misión cumplida. Misión cumplida. –anotó el presidente por dos veces-. Tuve una intuición. Acerté a descubrir la oportunidad. Convertí lo existente en una idea de negocio (no lucrativo, pero sí absolutamente enriquecedor). Ordené personas, recursos, operaciones a su servicio. Misión cumplida, presidente. Me autofelicito, ya que nadie lo había hecho todavía. Releyó las notas escritas. Desgajó del bloc las cinco hojas donde estaban dibujados los diez pentágonos E-Pr-P-C-B, agrupados de dos en dos. Tachó el segundo de la quinta hora, el último…. “
Los arrojó al espacio aeroportuario. Regresaron a sus manos en forma de dos pentaedros de colores.
Los plegó. Los metió en el bloc y éste, en una rápida maniobra, fue a parar dentro de la cartera. Hubo felicitaciones y alegría a rebosar. El presidente recibió los parabienes por parte de todos. Sumó los suyos.
EPÍLOGO. DESPUES DE LA QUINTA HORA
A las seis en punto de la mañana, llegaron las brigadas. La de la limpieza. La del catering. La de la telefonica. La del gas. La de la luz. La del agua. Y empezaron a descomponerlo todo. Un equipo de azafatas apremió a los cinco de la sala vip, ala cincuenta del aeropuerto de Lima, a abandonar la estancia de forma inmediata antes de que el escenario se convirtiera en nada. Al quinteto les aguardaba en pista un avión para conducirlos directamente a Santa Fe de Bogotá.
El ruido ensordecedor de los operarios y el apremio de azafatas y confinados acalló la voz del boss, que lanzaba el último canto sobre los ecos de Caetano Veloso, de Mozart, de Couperin y de la orquesta de la Scala tocando La Traviata. De hecho, el artificio se volatilizó en aquel preciso instante, como la propia realidad; más insignificante se hacía a medida que el 727 superaba los diez mil pies de altura y alcanzaba la velocidad de crucero.

